Dos veces al año premiamos a un estudiante con la beca del iVein Health and Wellness Scholarship. Los estudiantes deben escribir un ensayo que promueva un enfoque de vida saludable en la Universidad y como estos hábitos pueden mantenerse de por vida.

La beca de este año fue conferida a un estudiante de la Escuela de Medicina en Harvard. A continuación, se encuentra el ensayo ganador.

Conocí a “Wanda” en el lobby del motel que servía como refugio familiar, a personas sin hogar. En la recepción el Dr. Chatterjee y yo pasábamos coloridos pasteles Hostess antes de darles el tour a su familia hacia su cuarto. Al pasar la tarjeta llave para abrir la puerta, no pudimos dejar de notar que la tarjeta también era un cupón de tres pizzas Domino’s por $5. Aún con esas tentaciones y las dificultades de cocinar con solo un lavatorio de baño y un microondas, no impidieron a Wanda preparar comidas nutritivas para su familia.

La motivación que ella tenía de comer saludable, vino a mi mente, mientras analizaba transcritos de un grupo focal de discusión, que tuve con estudiantes en mi tesis de alimentación saludable, en mi último año de Universidad. “Soy joven; estoy en la Universidad; puedo comer lo que quiera, sin consecuencias.” Explico uno de mis compañeros. “Tal vez estaríamos más dispuestos a hacer un sacrificio en nuestra dieta si tuviera unos 60 y con diabetes.” Dijo otro. Me impresiono que, hasta mis compañeros de hockey universitario en Harvard escogidos por la NHL, se preocupaban tan poco de lo que comían. Tal vez la Universidad tiene muchas tentaciones de comida poco saludables. Me pregunté si podía incentivar a los estudiantes a superar eso, así como Wanda lo hizo.

Como jugador de hockey Universitario, comencé a darme cuenta que cuando tomaba atención y comía alimentos ricos en nutrición, sentía un cambio considerable en cómo me sentía en y fuera del hielo. Me propuse saber todo lo que podía, acerca de nutrición y bienestar, para maximizar mi entrenamiento. Pensando que mis pares comerían mejor al saber más acerca de lo que comían, implementé un estudio que consistía en luces de tráfico, (verde: saludable, Roja: menos saludable) en las cafeterías del campus. Mi estudio, publicado en el American Journal of Public Health, incluía 12 comedores en Harvard que servían 6400 estudiantes universitarios y sobre 2.6 millones de porciones de comida y bebidas.

Aunque las etiquetas proveían información nutricional de una manera simple, en un formato de colores, aprendí que esa misma etiquetación se podría entender de formas distintas. Dos semanas después de implementar las etiquetas en comedores de Harvard, un pequeño grupo, pero importante, de estudiantes expresaron preocupación acerca de las etiquetas de colores, estas podían exacerbar desórdenes alimenticios. Un domingo, tarde en la noche, recibí un correo electrónico de “Diana,” una compañera de clase, quien estaba preocupada con las etiquetas y me refirió a sus problemas personales con bulimia. El problema fomentó una discusión extendida acerca de las implicaciones de etiquetas de comidas en el campus y si debía continuar con el estudio.

Ya que mujeres en edad de estudios universitarios están más propensas al riesgo de desórdenes alimenticios, consideré cuidadosamente las implicaciones de las etiquetas rojas, que desalientan la selección particular de comidas. Aunque la mayoría de los estudiantes veían la etiquetación de una manera simple, una manera conveniente de proveer información; otra pequeña mayoría pensó, lo que una etiqueta de luz “roja”, podría provocar para los que están luchando con desórdenes alimenticios. Por otra parte, las cafeterías universitarias podrían ser un lugar efectivo de intervención. Estudiantes universitarios suben de peso más rápido en el primer año de estudio, que un americano promedio de la misma edad, desarrollando un patrón alimenticio de por vida

Dos editoriales de periódicos de estudiantes en Harvard, titularon “Una luz roja para etiquetas en comida” y “Cruza tus T’s Marca tu… ¿Comida?” esto remarco la controversia de etiquetar y como las personas valoran la comida. Una editorial creía que etiquetar con luces de tráfico, “hace a los estudiantes pensar del valor moral de la comida” y este tipo de etiquetación es inherentemente fallada porque “alimentos no son buenos o malos”. Por lo contrario, yo tenía una actitud totalmente distinta acerca de los alimentos, el cual compartí con muchos de mis compañeros. Encontré que, como atleta universitario, me sentía mucho mejor al consumir comidas ricas en nutrientes, comidas “buenas” por lo que me desempeñaba mejor en el hielo. Lo que comenzó como un estudio de etiquetación practica para compartir con mis compañeros, abrió una visión importante y diferente a lo que es comer, que yo no había experimentado personalmente. Necesitaba balancear estas dos perspectivas.

Comencé a trabajar inmediatamente con los facultativos adversos y miembros estudiantiles, con la línea directa de preocupaciones alimenticias y el grupo de superación en Harvard, para redefinir la etiquetación de colores de luces de tráfico; como “elección rica en nutrientes” (verde), “elección neutral de nutrientes” (amarillo), y “elección de hay más nutrientes en amarillo y verde” (rojo). El usar “elección” en el mensaje, está diseñado para que las etiquetas sean menos críticas y el usar “nutriente” enfatiza que las calorías no influencian el color de la etiqueta.

El mirar de lejos, la controversia sobre la etiquetación, me ayudó a entender cuan complejo puede ser el tratar de influenciar, como las personas se comportan, para alcanzar una buena salud, en escala mayor. El comer saludablemente es extremadamente personal y puede tener interpretaciones distintas para diferentes personas. Trabajar con personas para entender de donde vienen y ayudarles a sobrellevar sus dificultades, para así alcanzar su potencial de buena salud es realmente cautivador. Esto aumentó mi deseo de estudiar medicina, es donde puedo estar en una posición única de ayudar.

Entonces puedo decir que admiro a mujeres como Wanda, que, a pesar de las barreras, están trabajando duro, para cuidar de su propia salud. En Junio del 2016, comencé a enseñar un taller de nutrición, “Cocinando sin Cocina,” a familias sin hogar, que viven en refugios temporales y moteles. En estas clases, comienzo con una clase de nutrición y luego hago demos de recetas. Usando un microondas preparo comidas que pueden hacerse con presupuestos limitados en refugios, tales como huevos escalfados, espaguetis, lasaña de espinaca, tacos y ensalada de lentejas rojas. Estas experiencias me han enseñado que es poco probable encontrar una propuesta, una talla encaje a todos, para llevar una vida saludable. Esfuerzos para mejorar la salud de estudiantes en gran escala, lo más probable requerirá un trabajo preparatorio, incluyendo involucración de estudiantes en toda etapa de desarrollo y una implementación de mejor reacción periódica basada en estudiantes, para asegurar intervenciones que sean efectivas y en las que personas se sientan cómodas con estas. Como futuro doctor, estoy emocionado de continuar con este trabajo más ampliamente, poder inspirar y permitir a otros el explorar y adoptar hábitos saludables que se encuentran con una necesidad única mental, física y social.